¿Por qué me sangran las encías?

Me sangran las encías: ¿por qué? ¿qué puedo hacer?

¿Te sangran las encías? ¿Cuándo? ¿Durante el cepillado? ¿O cuándo muerdes una manzana? ¿Qué color tienen? ¿Tienes sarro? ¿Mal aliento? Para determinar el estado de tus encías o si existe alguna enfermedad asociada a ellas, debemos empezar por responder a estas preguntas. Pero es importante tener claro que nuestras encías no deben sangrar. Nunca. Y si lo hacen, lo primero que deberíamos hacer es acudir a nuestro dentista.

En un 90% de los casos una encía que sangra es una encía enferma.

Además, tenemos que prestar especial atención al cepillado. Algo que deberíamos hacer siempre, pero todavía con más ahínco si observamos que nuestras encías sangran con asiduidad o están más rojas de lo normal. Porque una correcta higiene bucodental es fundamental para conseguir unas encías sanas y saludables. De hecho, en la mayoría de las ocasiones es buena parte de la solución. Saber cómo cepillarnos, hacerlo por lo menos tres veces al día y completar la limpieza con una cinta o hilo dental determinará nuestras posibilidades de mejoría.

Detrás de una encía inflamada por acumulación de placa bacteriana a menudo encontramos un cepillado defectuoso o escaso.

Sí, probablemente los dentistas exageramos y estamos un poco obsesionados. Siempre a vueltas con el hilo dental. Que si pasarlo entre las muelas y que si usarlo todos los días. Pero es que la única forma de evitar problemas. Y futuras visitas a la clínica. Porque no nos olvidemos que enfermedades como la gingivitis o la periodontitis son muy comunes y sus efectos, devastadores. Sin ir más lejos, está última es la causante del 40% de las pérdidas dentales.

La periodontitis, también conocida como piorrea, se estima que es la causante del 40% de las pérdidas dentales.

¿Cómo es una encía sana?

La encía sana tiene un aspecto que recuerda la cáscara de naranja. Su color es importante, y debemos dedicar un par de minutos de vez en cuando a observarlas. Por norma general, aunque esto variará en función de la raza, debe tener un color rosa coral y cualquier cambio de tonalidad puede ser el primer aviso de que algo más grave esta sucediendo. Las encías oscuras, blanquecinas o muy rojas pueden estar revelando dolencias más graves o hábitos nocivos.

Asimismo, la encía se debe adaptar a los dientes de forma festoneada. Su apariencia debe ser dura, firme y con papilas puntiagudas. Las encías fluctuantes, endematosas o enrojecida son a menudo, indicadores de algún otro problema. Estas son muchas veces los primeros síntomas de una encía enferma y, en ocasiones, de una gingivitis crónica. La gingivitis crónica es la enfermedad infecciosa, no contagiosa, de mayor incidencia mundial. Pudiendo presentar diferentes grados de incidencia – gingivitis leve, moderada o grave- y diferentes cuadros clínicos, a menudo es ignorada si no causa ningún síntoma. Es decir, si no nos duele. Sin embargo, una gingivitis mal curada puede derivar una periodontitis. Y ésta, en la pérdida de la pieza dental. Así que si tenemos alguno de estos síntomas, debemos tomar cartas en el asunto. ¿Cómo? Acudiendo a nuestro dentista y limpiando correctamente nuestras encías. Ahora veremos cómo.

Encías sanas vs. Encías enfermas

¿Cómo puedo mantener sanas mis encías?

Prevenir, mejor que curar. Y nunca mejor dicho. Porque aquí están en jugo nuestros dientes. ¡Y resulta que solo tenemos unos y son para toda la vida! Así que volvemos a insistir: la higiene bucodental es fundamental.  ¡Que sí! ¡Que somos muy pesados! ¿Pero estás seguro de que sabes cómo limpiar tus encías correctamente?

Como ya comentamos al inicio de este artículo, además de cepillarnos, debemos aplicar una cinta dental cada día. El uso de estos dos instrumentos (cepillo y cinta) es conocido como fisioterapia oral. Una técnica que, correctamente aplicada, tampoco descuida las encías y en la que los instrumentos- sobre todo el cepillo- resultan fundamentales. El primero de ellos, el cepillo de dientes, debe presentar unas cerdas de dureza media que puedan pasarse sin dañar sobre la encía y el interior de la cavidad bucodental. Los cepillos duros a menudo gastan los dientes y dañan la encía, así que debemos tener cuidado con ellos. De hilo dental también existen diferentes opciones -el hilo, la seda o la cinta-, siendo quizá esta última la mejor, ya que al ser más ancha limpia de manera más efectiva.

Un cepillo gastado no realiza un cepillado eficaz.

Una vez que tengamos las herramientas correctas, debemos intentar limpiar diariamente nuestras encías. Si eres de los que no las limpias porque te duelen o sangras, probablemente es que las cepillas mal o las cepillas poco. Así que, para evitar dolores y sangrados innecesarios, no queda otra: realizar una vez al día una limpieza completa de nuestra boca.

¿Y con esto que queremos decir?  Que además de lavarnos los dientes, debemos aplicar el cepillo en nuestras encías. ¿Cómo? Pues mojándolo en agua caliente primero, posicionándolo en 45º hacia el surco gingival y realizando pequeños movimientos, suaves y en círculo. Una vez realizado el cepillado de nuestras encías, debemos complementar su limpieza pasando nuestro hilo dental entre las diferentes piezas y eliminando la placa bacteriana acumulada en las diferentes cavidades. Recuerda que esta es la única manera. Pues no existe cepillo dental- eléctrico o manual- capaz de limpiar eficazmente bajo las encías y en los espacios interproximales de nuestras muelas.

Así que ya sabes. Limpia, limpia y limpia. Tómate en serio esto de la higiene bucal. Porque repetimos: dientes no hay más que unos.

 

 

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